martes, 8 de abril de 2014

La mordaza de la iglesia




Que Angel Maria Rouco Valera, Cardenal de Madrid, ex Presidente de la Conferencia Episcopal Española es un personaje público poco simpático para muchos, es cosa sabida. Hace unos días en el Funeral de Estado del llorado Adolfo Suárez armó otra vez la marimorena, por unas cosas que dijo y sentó mal en su homilía.

Como no hay que fiarse del todo de los medios de comunicación, me he leído la homilía entera. Con gran sacrificio, que ese tipo de lenguaje clerical a mí no me va mucho.


Parece ser que los las frases que no han agradado a los políticos, son: "[Adolfo Suárez] buscó y planteó tenaz y generosamente la reconciliación en los ámbitos más delicados de la vida política y social de aquella España que con sus jóvenes quería superar para siempre la guerra civil: los hechos y las actitudes que la causaron y que la pueden causar" Aquí los políticos saltaron de la asientos como si hubiera nombrado la bicha en casa del gitano.

Y después dijo, refiriéndose implícitamente a Cataluña "la Concordia fue posible con él. ¿Por qué no ha de serlo también ahora y siempre en la vida de los españoles, de sus familias y de sus comunidades históricas?". Otro sobresalto, otro patatús.

Se removió en el asiento, indignado Rubalcaba, se amohinó la Rodríguez, se sobresaltó esa estrafalaria política de UP y D, experta en pesca a río revuelto, que es la señora Rosa Díez, a la que le ofendió además que se tocara el himno nacional en la consagración, y por último, Cayo Lara condenó con habitual cara de esfinge lanzando un úcase. Los del PP, mostraron caras serias y de enfado por si las moscas.

Asi que la izquierda anda pidiendo un nuevo tipo de funeral de estado donde sea  todo políticamente correcto y que a nadie moleste. El principio de la libertad de expresión se la pasaran por el forro.

A mí me parece que no hay para tanto. Que quizá haga falta algún político valiente, que diga las cosas como son, sin circunloquios ni tapujos.

Y a la iglesia, que no la encierren en la sacristía, que no le pongan mordazas a los que quieran manifestar algo en público, que no se salga ni del sentido común, ni del sentido del Evangelio.

Por una vez le doy la razón al Cardenal Rouco, que tampoco me cae simpático.

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