domingo, 14 de abril de 2013

Pobre barquilla mía... (a propósito del Evangelio)



Por un lado está la vida, esa vida que es fuente de frustraciones fracasos, Perdemos el equilibrio, pasamos penas y dolores y también, porque no decirlo, algunas alegrías. Todo eso es el oleaje  en el que se mece la barca de nuestras vidas.

Por otro lado está la tierra firme, la arena de la playa, el lugar donde podemos tomar alimento, robustecernos, estar firmes y seguros, encontrar el rumbo perdido sin esperar que en algún momento que te percipites bajo tierra.

En el evangelio de este domingo, los apóstoles y los discípulos de Jesús están subidos en la barca, fatigados, sin aliento, frustrados porque no han llegado a pescar nada.

Y en tierra firme, en la playa, con un pescado y un pan a la brasa está Jesús. Desde allí Jesús les manda mensajes para que su trabajo, la vida de los apóstoles tenga una referencia un sentido una firmeza.

Creen en Jesús es  tener  el corazón firme en la fe. Desde esa tierra firme, todo lo demás queda relativizado. Podrá La barca de nuestra vida mecerse en el oleaje, e incluso parecerá zozobrar, pero desde la tierra firme de la fe la presencia de Jesús nos salvará.

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